lunes, 5 de enero de 2015

¿Cuántos libros lees al año?

En el marco de los propósitos de año nuevo y debido a este afán de la humanidad de cuantificar todo el universo que le rodea, he visto en muchos lugares la mención a la cantidad de lectura que se pretende hacer durante este año. Para esto, generalmente se utiliza una unidad de medida irregular llamada "libro".

Un libro era, hasta hace unos pocos años, la información escrita contenida en una cantidad finita de papel (u otro material, como piel de animal o carrizo) y delimitada visiblemente mediante algún método de encuadernación. Con la llegada del libro electrónico, la definición podría quedar como la cantidad de información finita etiquetada bajo diversos parámetros específicos (autores, tema, idioma, etc).

Bajo esta definición, la cuantificación de la lectura por las unidades "libro", parecen semejar etapas primitivas de cuantificación física y comercial de otros elementos naturales y humanos. No solo eso, puesto que se deja de lado la lectura de otros elementos culturales susceptibles de ser leídos, como las revistas del corazón, los anuncios comerciales y los subtítulos de las películas. Esto pone de manifiesto tácito la distinción entre la lectura de elementos "de primera" y la lectura de elementos "inferiores". Finalmente, la unidad "libro" se acota aún más, puesto que en este contexto, un libro por antonomasia es aquel libro (bajo la definición anterior) que contiene información de un género (o tema) específico y no otros.

También, posiblemente, aunque menos importante, esto propicie la confusión acerca del proceso cognitivo único al que se le llama lectura, que es la conversión de un signo en un significante (que se realiza en todos los elementos culturales anteriores) y para lo cual, en este caso, sería necesario el uso de los ojos (o los dedos) y el cerebro. En la mayoría de las personas que realizan lectura, se lleva naturalmente y casi sin esfuerzo, la transformación de este significante en un significado, siempre que el individuo lea el o los idiomas que comprende, pero eso ya no se llamaría "lectura" sino "entendimiento" y sería un proceso puramente cerebral.

Para cuantificar un poco más efectivamente la lectura tendríamos que preguntarnos, ¿qué es lo que se quiere cuantificar? ¿La lectura solamente o la lectura de comprensión? Si lo que se quiere cuantificar es solo la lectura, entonces todos los elementos culturales humanos tendrían únicamente dos valores dependiendo de si la persona sabe o no sabe leer. Si sabe leer, debería poder leer exactamente igual todos los signos que conoce sin importar el medio impreso o visual en el que estuvieran.

Una vez acordado lo anterior, se puede pensar en una unidad más regular que aquella que llamamos "libro", puesto que cualquier libro se puede hacer tan grande o tan pequeño como se quiera. Podríamos proponer como unidad las palabras, aunque se puede argumentar que las palabras también son irregulares o que incluso es complicado definir sus límites (como algunos lingüistas afirman por experimentos hechos con personas analfabetas en Kazajstán), así que podríamos proponer cuantificar en bits, pero tal vez esto no sería lo más práctico.

Supongamos que cuantificamos por palabras. Ahora cabe hacer la siguiente pregunta para refinar nuestro análisis: ¿Es más fácil leer unas palabras que otras? A primera vista parece que sí. No es lo mismo leer la palabra "manzana" que la palabra "heurístico". Seguramente, una misma persona no leera los siguientes tres textos a la misma velocidad y aún menos los comprenderá con la misma facilidad y eso que los tres están en español.

1)   Hace unos días, Inés Gómez-Mont, de 31 años, publicó en sus redes sociales un mensaje en donde agradece el apoyo que recibe de su novio, el abogado Víctor Manuel Álvarez, de 37, pero también se queja de que su ex esposo y padre de sus hijos, Javier Díazno cumple con sus responsabilidades de padre. Investigamos al respecto, y nos contaron más sobre la situación entre Inés y su ex.

2)  Ya chole chango chilango, 
que chafa chamba te chutas, 
no checa andar de tacuche 
y chale con la charola.
Tan choncho como una chinche,
más chueco que la fayuca,
con fusca y con cachiporra 
te pasa andar de guarura.


3) Aunque fuese ontológicamente posible determinar primariamente el estar‐en desde el estar‐en‐el‐mundo cognoscente, se daría, como primera exigencia, la tarea de una caracterización fenoménica del conocer como un estar en el mundo y en relación con el mundo. Al reflexionar sobre esta relación de ser se nos da, por lo pronto, un ente, llamado naturaleza, como siendo lo que se conoce. En este ente no es posible encontrar el conocimiento mismo. Si éste de alguna manera “es”, entonces pertenecerá únicamente al ente que conoce. Pero tampoco en este ente, la cosa‐hombre, el conocimiento es algo que está‐ahí. En todo caso no es posible constatarlo de una manera tan externa como aquella en que se constatan, por ejemplo, las propiedades corpóreas.

Se puede incluso poner un ejemplo extremo, cuando se está tratando de aprender un idioma diferente al materno. El otro idioma representa una dificultad mayor para leer que el idioma materno y en ambos se está llevando a cabo el proceso de lectura.

Para terminar con esta disertación al más puro estilo de Abe Simpson, sería conveniente preguntarse si acaso ha servido de algo cuantificar la cantidad de lectura hasta ahora, si las resultados positivos o negativos de esta cuantificación se deben a la manera poco objetiva de su cuantificación y si serviría (aunque fuera únicamente con fines políticos) esta cuantificación de manera más precisa. ¿A ti, para qué te sirve saber cuánto lees?

domingo, 17 de noviembre de 2013

Patología del consumismo

Aprovechando el tema del Buen Fin, quiero reflexionar acerca de un fenómeno psicológico peor que el consumo y desecho de productos cada vez de forma más rápida. En el consumo y desecho, una persona desecha sus zapatos, su teléfono o incluso su coche cuando estos artículos todavía tienen un vida útil larga y se reemplaza por algo más caro o más nuevo o más bonito o más a la moda o con algún tipo de mejoría, aunque para fines prácticos no se usen esas mejoras o no se noten al ojo humano (e.g. cámara de 1 Terapixel reemplazada por una de 1.000000000000001 Terapixel).

Bueno, yo supongo que este es ya de por sí un desorden grave que aqueja a buena parte de la humanidad y tal vez hasta peor que la obesidad, pero el caso que existe uno aún peor. Es un proceso que yo le llamo "consumo y acumulación", por el cual, un individuo consume y acumula todo lo que compra . En la mayoría de los casos el individuo simplemente apila 10 o 20 celulares en un cajón o acumula ropa que ya no se pone, ni se pondrá, en cajas y más cajas. En muchos casos, el individuo se niega por todos los medios a deshacerse de los productos que a todas luces ya no sirven, que incluso le servirían a otros y que por los que quizás algunas personas hasta pagarían dinero. En los casos más raros y patológicos, el individuo con este desorden es capaz, incluso, de dejar la comida echada a perder dentro del refrigerador y argumentar que "todavía sirve", por lo que esa pudredumbre se quedará ahí indefinidamente, hasta que, posiblemente, la persona en cuestión compre otro refrigerador para poder conservar el anterior.

Esta enfermedad es muy peligrosa. Si detecta a una persona así, aléjese de inmediato y cuénteselo a quien más confianza le tenga, pues de no antenderse rápido, usted podría entrar en un estado de locura, depresión y adicciones de diversos tipos.

lunes, 26 de agosto de 2013

Falsas predicciones de sismos.

Está circulando una página de una persona que afirma que puede predecir los terremotos.

En esencia, este escrito se divide en dos partes. Primero se habla de su teoría de fuerzas gravitacionales sobre el mecanismo de funcionamiento de los terremotos. Algo que cuantitativamente no tiene relación ni es posible en términos de la energía necesaria para producir un terremoto. Ese trabajo carece de rigor científico. Su página tiene un par de ecuaciones y no las resuelve. Pone un par de gráficas pero no pone un resultado serio a partir de las gráficas. No expone su método de evaluación ni el error en sus cálculos, es decir, no dice nada. Afirma que hay 98% de probabilidad de que ocurran cosas. Sus predicciones no son en realidad predicciones. Es como si yo hoy dijera que el año que entra tiene un 99% de probabilidad de que caiga una lluvia bien fuerte en la ciudad de México y que muchas calles se van a inundar y que habrá muchísimo tráfico. ¿Creerían mi predicción? ¿Le llamaría a eso predicción? Es casi seguro que caerá una lluvia. Una predicción verdadera sería decir fechas exactas, magnitudes exactas. El conocimiento que tenemos hasta ahora de las placas tectónicas nos permite afirmar, sin necesidad de llamarle predicción, que puede haber terremotos grandes o pequeños en el futuro, eso es inevitable, pero lo que no sabemos es cuándo ni dónde con precisión. Otra predicción que hago con el 99% de exactitud es que mañana va a salir el sol por el este. ¿Cómo ven? ¿Soy bueno haciendo predicciones? ¿Tan bueno como este tipo?

Después está la segunda parte del documento, en donde esta persona recomienda hacer cosas que no son viables económicamente. Pues lo más sensato, para evitar pérdidas humanas sería mudar toda la ciudad a otro lado y ya. También propone otras cosas que ya se están haciendo o que ya están bien planeadas. El punto 11 por ejemplo dice: "Organicemos un trabajo científico para monitorear la microsismicidad en Oaxaca..." Eso ya se hace en el Instituto de Geofísica de la UNAM, en donde está el Servicio Sismológico Nacional. Es decir, esta persona carece del conocimiento de la maquinaria científica del país y de su operación, por lo que es muy posible que también mienta acerca de que se reunió con personal del CENAPRED, aunque también es posible que sí se reuniera con ellos y le dieran el avión. Sería muy bueno que pudiéramos predecir los sismos anticipadamente pero lamentablemente eso no se puede todavía. Calcular los cíclos de un fenómeno, si es que los hay, en un sistema caótico, es algo muy complicado, por lo que aventurarse a decir eso es engañar a la población.

martes, 13 de agosto de 2013

Tontería lingüística

En internet anda circulando un escrito acerca de que es inadmisible decir "presidenta" y se hace una defensa acerca del uso "correcto" del español, pues se dice "paciente" y no "pacienta", "independiente" y no "independienta". 

Mi opinión, como estudioso de las lenguas, es contraria a esa argumentación: 

El lenguaje tiene como única función real la comunicación. La ortografía o la gramática importan cuando de una misma oración se pueden obtener diferentes significados. Por ejemplo estas dos oraciones:
Como con los del trabajo.
¿Cómo?, ¿con los del trabajo?

O entre estas dos:
Ahorra. Hay muy poco.
Ahora hay muy poco.

En el caso que presentas no hay ningún conflicto comunicativo real, sino simplemente una forma diferente de expresión. En ningún idioma hay tal cosa como bien escrito o mal escrito, ni correcto o incorrecto. Algunos "errores" después de algún tiempo se terminan convirtiendo en "reglas". Un idioma es lo más democrático que hay, no le pertenece a unos cuantos pseudoacadémicos que se sienten sus dueños. Si un idioma fuera estático en este momento estaríamos hablando protosánscrito o acadio o algún idioma antiguo. Un lenguaje evoluciona de la misma forma que las especies animales o vegetales. Algunas adaptaciones surgen, no permean la sociedad y desaparecen. Algunas otras son convenientes y se terminan usando de la manera más normal. La coyuntura histórica por la que atravesamos puso a algunas personas en la necesidad de hacer la diferencia explícita entre el masculino y el femenino. A la sociedad le gustó la práctica y ahora es de uso común. 

Ahora, desde el punto de vista gramatical, (si es que acaso hay algo como la gramática, pues algunos teóricos afirman que no existe tal cosa) al idioma español le gusta coordinar siempre lo más que se puede en género y número. Por ejemplo.

Las niñas bonitas bonitas salieron todas juntas a jugar al parque. 

Tenemos que las palabras "las", "niñas", "bonitas", "todas", "juntas",  están coordinadas en género y número. Cognitivamente sólo necesitabamos saber la palabra "niñas" para inferir el significado del enunciado, sin embargo al español le gusta coordinarse lo más que se pueda para evitar la pérdida de información en el trayecto. Si por alguna razón pierdes alguna de las "s" en el enunciado de ejemplo, tienes otras a partir de las cuales puedes reconstruir el significado de la oración. Por esto es que hay la facilidad de pasar de mexicanos a mexicanas y de presidente a presidenta.

Veamos este ejemplo:
La presidente se ve muy formal hoy.

Suponte que estamos en una reunión de estado en donde hubiera un presidente y una presidenta. Si yo te dijera esta oración y por alguna razón tu estuvieras distraído y no alcanzaras a escuchar el artículo definido del principio, te verías obligado a preguntarme: ¿cuál de los dos?, pues no serías capaz de saber a quién me refiero y, así mismo, yo me vería obligado a repetir el comentario.  La lengua se rige por el principio de economía lingüistica y, en este caso, ese principio se perdería a cambio de formalidad o del uso "correcto" del lenguaje. Otro ejemplo, la primera línea de este párrafo se puede reformular de manera más formal a cambio, de nuevo, de economía lingüistica y, también, de más pedantería de mi parte: Suponte que estamos en una reunión de estado en donde hubiera dos presidentes, uno hombre y, el otro, una mujer.

Una lengua no surge de la noche a la mañana como un sistema integral, sino que a lo largo de los años, pequeñas mutaciones van dando origen a otras lenguas. Mira lo que pasó por no hablar y escribir con correción el latín en poblados apartados del centro del imperio, ahora tenemos portugués, español y el tan bien cuidado francés, estas degeneraciones ignomínicas del sacrosanto latín. Eso de bien escrito y mal escrito es propio de lo clasista y fascista que es el hombre por naturaleza. Las correciones se mantienen solamente para darnos a entender con claridad y con poco esfuerzo con otros hablantes, aunque también para sentirnos superiores y hacer sentir inferiores a otros que no lo hacen exactamente de la misma manera. Puedes o no estar de acuerdo, sin embargo las pequeñas mutaciones en las lenguas se seguirán dando y debido a esto, con el paso de los años y los siglos, idiomas nuevos surgirán y otros se dejarán de hablar.

miércoles, 3 de julio de 2013

Acerca de cómo las personas calculan o la risa en vacaciones

Uno de los ejemplos más representativos acerca de cómo las personas calculan diversas variables, aún sin ser ingenieros o científicos, se encuentra en un lugar un tanto inusual.  La risa en vacaciones es una serie de películas en donde unos tipos hacen bromas a turistas o a empleados de hoteles. Se desarrolla en Acapulco y la mayoría de sus bromas son realmente estúpidas y casi ninguna da risa. Aún así, se realizaron al menos 8 de esas películas. El caso es que en una de estas bromas se puede ver perfectamente cómo las personas calculan, es decir, como resuelven ecuaciones aunque no se den cuenta. La broma trata acerca de que una mujer lleva una maleta, el maletero se ofrece a llevarla pero ella le dice que está demasiado pesada, que mejor tome otra. En cuanto el maletero va por otra maleta, unos tipos cambian la maleta por una muchísimo más pesada. El maletero trata de cargarla pero no puede y la arrastra unos pasos. Después deja la maleta pesada y pide un taxi para la mujer; mientras pide el taxi, nuevamente le cambian la maleta pesada por la primera que la mujer iba cargando. Entonces, cuando carga la maleta cambiada piensa que es la pesada pero es la ligera y por esta razón, la maleta ligera sale volando. Es decir, el maletero sabe de antemano el peso que debe cargar, esto es, él calcula con antelación cuanta fuerza debe utilizar para levantar la maleta. El cálculo le falla porque no sabe que la maleta es otra y por eso la maleta sale volando, pues la fuerza que empleó es demasiada. 

Casi todos los animales tienen la capacidad de hacer algún tipo de cálculo y los usan para cazar o para escapar principalmente. 



lunes, 19 de noviembre de 2012

¿Qué es el tiempo?

Supongamos que todo el universo es una caja esférica con un protón. Y digamos que ese protón tiene una energía fija (no decae ni emite radiación de ningún tipo) y una trayectoria diametral. Supongamos también que el choque entre el protón y las paredes de la caja es perfectamente elástico. ¿Cómo medimos el tiempo dentro de la caja? Lo más fácil sería decir que existe un lapso entre un rebote con la pared y otro. Entonces, el tiempo solo existe a partir de la energía del protón, pues, si el protón no tuviera energía (cero absoluto) no se movería y por lo tanto no seríamos capaces de distinguir si pasa el tiempo dentro de la caja o si no. Es decir no seríamos capaces de definir algo como el tiempo, dentro de la caja, o de saber si efectivamente "existe" algo como el tiempo, bajo este esquema.

A partir de este experimento pensado, para mí es claro que el tiempo se definió, en principio, como un parámetro que es una reducción gigantesca (y muy útil) resultado de la percepción humana del cambio cíclico o periódico en las posiciones puramente espaciales de las partículas de todo el universo. Es decir, el tiempo no es un ente físico sino un parámetro producto de la percepción humana del cambio, en principio, puramente espacial.
Con la necesidad de parámetros de mayor precisión, el tiempo puede generalizarse al parámetro resultado de la percepción humana del cambio en los estados configuracionales o energéticos del sistema.

viernes, 8 de junio de 2012

A 30 años de la IBM PC

Recuerdo perfectamente la imagen de esa noche de 1988 cuando mi padre entró con ese aparato por la puerta. El estaba muy emocionado y lo conectó a la energía eléctrica inmediatamente. Lo que traía era una caja pequeña y muy pesada, una caja mediana más liviana, así como una tele y una maquina de escribir. Al encenderla, la caja pequeña hacía un ruido muy molesto que tuve que tolerar por 10 años. la tele tenía un color verde muy brillante. En la esquina superior izquierda estaba este símbolo C:>. Tuve mis primeras lecciones de computación a los dos o tres días después de eso. Yo tenía 5 años y era el alumno más pequeño en esa clase. Recuerdo a mi guapa maestra, quien tendría 20 años. Muy delgada, pelo corto y negro, tez blanca. Muy guapa. Aprendí logo y a dar instrucciones muy simples con basic. En las clases estuve un mes o menos. Después por mi cuenta, aprendí a usar wordperfect, lotus y chartmaster aunque no me servía de nada en ese momento. A pesar de todo esto, a lo que más me dedicaba era a jugar, sobre todo digger. Yo era muy bueno, pero como en todo, siempre hay alguien mejor. Mi hermano menor se volvió un experto, en realidad se volvió un experto en casi cualquier juego de computadora, en este momento es casi seguro que no le gano en ningún juego.

En agosto de 1981 se lanzó la primera IBM PC, el aparato con el que entró mi papá aquella noche era un modelo más reciente de la originalmente lanzada pero básicamente con los mismos componentes.  Tenía memoria RAM de 512 kb y disco duro de 20Mb y procesador 8088 de Intel.